Esponjas desmaquillantes ¿cómo se usan?

Son tantas y tantas las propuestas comerciales, que hacen uso de la publicidad, la propaganda, las ventajas de las redes sociales y cualquier otro medio de comunicación, para bombardearnos con los miles de productos cosméticos que, a fin de cuentas, prometen cuidar la piel y mejorar su aspecto, salud y vitalidad. Sin embargo, muchas de estas se abstienen de indicarnos los métodos apropiados para obtener una verdadera salud cutánea.

Esponjas desmaquillantes ¿cómo se usan

Es por esta razón, que antes de enfocarnos en alguno de los muchos productos, artículos y accesorios variados, que podríamos adquirir para nuestras rutinas de belleza, los especialistas recomiendan reconocer el paso más importante y vital de toda buena sesión. En este caso, hablamos de la limpieza y el acto de retirar el maquillaje, ya que si esto no se realiza de la forma correcta, ningún otro elemento que utilicemos después tendrá el efecto deseado.

Para esto, una de las maneras más populares y antiguas, que lleva décadas recorriendo el mundo, es el uso de las esponjas desmaquillantes para realizar esta tarea esencial. Se trata de un producto que, aunque no es tan conocido actualmente como en el pasado, ya que se ha visto sustituido por centenares de artículos más modernos, sigue dando de qué hablar, gracias a su efectividad, versatilidad y, sobre todo, a las muchas ventajas que ofrece.

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Sobre estas esponjas

Sobre estas esponjas

De una simpleza difícil de igualar, que no reduce en nada todos los beneficios y efectos positivos que ofrecen, las esponjas desmaquillantes no son más que pequeños tejidos de fibra elaborados de forma comercial, con materiales tanto naturales como sintéticos. Entre los primeros, las podemos encontrar fabricadas de celulosa, algodón, lino y otros materiales; mientras que las últimas usualmente son de polímeros plásticos variados.

Se describen usualmente como pequeños discos de material muy suave, producidas en tejidos de fibras elásticas con algunos milímetros de separación, con el fin de que estas puedas recibir la acción de la presión y el cede se fuerza sin deformarse de manera permanente. Este tejido permite también una porosidad mínima, necesaria para que cumplas su tarea de retirar el maquillaje, desprendiéndolo de la piel una vez disuelto.

Además de eso, esta constitución en sus tejidos agrega también la capacidad de absorber y almacenar un gran volumen de agua respecto a su peso ligero y su tamaño, lo que es necesario para la aplicación de limpiadores, desmaquillantes y otros productos. Sin embargo, este líquido se retiene entre los espacios libres o burbujas de aire de las fibras y no por el material en sí, por lo que se escurre al aplicar presión a la esponja.

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Esto le da la ventaja de ser muy fáciles de lavar y ser reutilizables, ya que las impurezas y suciedad que limpian, así como el material del maquillaje que retiran, no se adhiere ni mancha el artículo en cuestión, sino que se desprende de los espacios con el lavado, procurando que, con el uso de una pequeña cantidad de detergente o jabón, estas queden completamente limpias y listas para ser utilizadas de nuevo una vez se han secado.

Fueron diseñadas en base a los estropajos o esponjas de lavar, muy comunes en las cocinas para fregar y limpiar la vajilla, los platos y los artículos de cocina, siguiendo el mismo principio pero con algunas variaciones. Del mismo modo, el diseño toma influencia de sus predecesoras más recientes, las esponjas de baño que utilizamos para frotar y exfoliar la piel al momento de tomar una ducha. De esto se entiende que, aunque bastante conocidas en la actualidad, su uso y comercialización lleva ya muchas décadas.

La principal distinción de la esponja desmaquillante, que la diferencia de otros tipos de esponjillas, es que se elaboran con materiales mucho más suaves y finos, ya que su uso se destina a frotar zonas del cuerpo donde la piel es mucho más delicada. Por ello, no debemos pensar que si tenemos la piel sensible o de un tipo específico, sea mixta, seca o grasa, tendremos que buscar un artículo que se adapte a nuestras necesidades.

Con algunas variaciones de acuerdo a la calidad del producto, estos pequeños discos de fibra tejida realmente son muy suaves, por lo que su presentación general es apta para todo público y todo tipo de piel. De igual manera, se puede utilizar, por ejemplo, en el área del contorno de ojos, conocida por la dificultad que presenta al poseer la piel más fina, elástica y delicada del cutis.

Método de uso

Método de uso

Lo primero que se debe destacar de estas pequeñas esponjitas, aunque ya lo mencionamos, es que no son artículos desechables, por lo que después de utilizarlas, de manera inmediata, deben ser lavadas a consciencia, con el fin de que el maquillaje no se seque sobre ellas, debido a la humedad y al producto líquido utilizado, haciendo que su vida útil se reduzca. Esto no significa que un par de ellas van a durar toda la vida, por lo que se pueden reutilizar un número contado de ocasiones.

Como es de imaginarse, estas están pensadas para ser frotadas en el rostro, con suavidad y solo un poco de presión, necesaria para que la textura suave raspe un poco el maquillaje, lo desprenda y remueva de manera efectiva. Sin embargo, este último no va a retirarse del cutis tan fácilmente, por lo que necesitamos utilizar un líquido desmaquillante apropiado, que será el protagonista de esta parte de la rutina.

El desmaquillante es una sustancia de fabricación comercial, a base de agua, aceites esenciales o alcohol (aunque este último se debe evitar en caso de poseer una dermis sensible), con componentes diversos que disuelven el maquillaje y permiten que se desprenda fácilmente del rostro. Existen algunos, como el agua micelar, que poseen otras características en su composición para ayudar a limpiar más profundamente; mientras otros, como la leche limpiadora, nutre las células del tejido superficial.

Este líquido no se aplica directamente sobre la piel sino que debe usarse para humedecer las esponjas, lo suficiente para mojarlas un poco, sin empaparlas demasiado, lo que causaría un derrame de la sustancia. Algunos de los desmaquillantes se tienden a evaporar en contacto con el oxígeno del ambiente, por lo que se deben utilizar rápidamente, para que no pierdan así sus propiedades.

Una vez tenemos nuestra esponjita húmeda, procedemos a pasarla por la superficie del rostro, comenzando por las zonas donde el maquillaje es menos denso, como el tabique y la nariz, para después pasar a los párpados, el contorno de ojos, las cejas. Por último, las zonas donde se suele aplicar mayor cantidad de base, la frente, los pómulos, las mejillas y la barbilla; incluso deben utilizarse en el cuello y el escote, si es que hemos aplicado maquillaje allí.

Dejamos aparte los labios, ya que el lápiz labial común suele estar elaborado de materia un poco grasa, por lo que debemos, si queremos realizar la limpieza de manera sencilla y en una sola pasada, frotar primero con una toallita, un papel suave o una tela húmeda, antes de pasar a utilizar la esponja. Para evitar molestias como dejar un mal sabor en los labios, recurrimos preferiblemente a una limpia, que no hayamos usado en otra zona del rostro.

Como podemos notar, se realiza el desmaquillado desde la parte del centro de la cara hacia afuera, describiendo una espiral que comienza en la nariz y va hacia afuera, pata culminar en las partes más externas como las mejillas y el cuello. Esto ayuda a aliviar la tensión de la piel, evitando que esta se estire hacia adentro al frotar de manera incorrecta, por ejemplo, la frente y la barbilla hacia el centro o el interior de la forma de la cara.

En las zonas más amplias, como las ya mencionadas mejillas y la frente, se recomienda pasar la esponja realizando pequeños movimientos circulares, como si estuviésemos dando masajes, que se deben ir ampliando hasta cubrir toda la superficie. El tabique y la nariz se limpia de arriba hacia abajo, desde la zona donde se unen las cejas hasta la pinta de esta última.

En el contorno de ojos y el área de los párpados, nunca debemos realizar movimientos verticales, hacia arriba o hacia abajo, sino horizontales, desde la parte interna de la cuenta ocular, donde se encuentran los lagrimales, hacia la zona externa o canto de la cuenca; lo mismo ocurre en el caso de las cejas y los pómulos. Por último, la barbilla y el cuello si deben limpiarse realizando movimientos verticales hacia abajo, hacia las clavículas y el escote.

Lo que debemos evitar a toda costa, ya que las esponjillas estarán humedecidas con un líquido desmaquillante, es aplicar una excesiva presión sobre los labios, la nariz y los párpados, ya que si se derrama un poco de este por apretar demasiado, este podría ingresar en la boca, las fosas nasales o, en el peor de los casos, los ojos, lo que podría causar molestias como escozor, comezón y malos sabores, aunque ningún efecto realmente riesgoso.

La limpieza tras el uso

La limpieza tras el uso

A decir verdad, no es solo la efectividad de estas esponjas lo que las hace tan populares, aunque ahora se utilicen menos que en el pasado, debido a la aparición de desmaquillantes y productos desechables de uso instantáneo. Aun así, esto no reduce el peso del hecho de que, pese a su antigüedad, estas aún se siguen comercializando y utilizando en todas partes del mundo por sus ventajas incondicionales, en especial por una de ellas.

Hablamos de la economía que resulta en la adquisición de estos artículos, ya que aunque no son de utilidad permanente, tienen una vida útil bastante larga como elemento reutilizable, es decir, de varios usos. Esta cantidad puede varias de entre los 20 a los 100 usos, dependiendo, de nuevo, de su calidad, al igual que de factores como el cuidado que le damos al limpiarlas y el detergente al que recurrimos para ello.

Por ello, debemos tener en cuenta que, además de darles buen trato al utilizarlas, también debemos hacerlo al lavarlas, por ejemplo, utilizando una buena cantidad de agua templada, a temperatura ambiente en lugares cálidos. De igual forma, no debemos limpiarlas con detergentes fuertes como los que utilizamos para la ropa, sino algunos más suaves, como el jabón de manos o de tocador, así como el recomendado para telas finas.

Para no dañarlas ni estropear las fibras de su tejido, se deben lavar con suavidad, empapando las esponjas, frotando el jabón hasta crear espuma y luego enjuagando sin estrujarlas ni frotar la superficie contra sí misma. Lo mejor para el enjuague es mojarlas y apretarlas una y otra vez, para escurrir el agua con los restos de jabón, varias veces hasta que ya no quede rastro de este ni ninguna sensación jabonosa. Luego las escurrimos apretando con más presión y las dejamos secar.

Aunque no es parte del uso en sí, nos tomamos la libertad de dar estas cortas indicaciones sobre el lavado, para que así tengamos en cuenta que, si deseamos que nuestras esponjas desmaquillantes duren mucho tiempo y realicen su tarea de manera efectiva, con una textura que no gane aspereza por el descuido y el estropeo de las fibras, en vez de tener que cambiarlas de forma muy regular, debemos tratarlas con cuidado y mantenerlas siempre limpias y secas.

Recomendaciones acerca de este producto

Recomendaciones acerca de este producto

Hay que tener en cuenta que, a diferencia de otros elementos con la misma finalidad, limpieza y remoción del maquillaje, estas esponjitas no funcionan de manera eficaz si se utilizan por sí mismas, sino que deben ser acompañadas por un líquido desmaquillante óptimo. Su función real es más bien servir de medio para aplicar esta sustancia, un transporte que debe ser frotado por el rostro, donde se denotan las verdaderas ventajas de estas.

Por ello, no solo debemos saber escoger correctamente las esponjas, si queremos obtener los resultados deseados, mientras cuidamos de la piel gracias a su textura suave, sino que también debemos elegir un producto desmaquillante acorde, sobre todo, a la clase de maquillaje que estamos utilizando, así como a la clasificación que le damos a nuestra dermis de acuerdo a sus características; ya sea de tipo seca, grasa, normal (neutra) o mixta.

Esto último no necesitamos tenerlo en cuenta al momento de adquirir las esponjas, ya que están diseñadas para funcionar correctamente en cualquiera de estos tipos antes mencionados. Lo único que debemos vigilar en este caso es su calidad, ya que las de peor categoría si pueden ser un poco ásperas y rasposas, lo que puede ocasionar desde pequeñas molestias al frotarlas, hasta irritación, enrojecimiento y pequeñas heridas en las pieles más sensibles.

Aquí la recomendación que más se repite, no solo por parte de los expertos en la medicina cosmética o en el área de la práctica estética, sino por los millones de usuarios que las han utilizado, es recurrir a las esponjas de fibras naturales, ya que cualquiera de ellas garantiza una mayor calidad y suavidad. Sin embargo, tampoco podemos olvidarnos de las que, aunque elaboradas de forma artificial, poseen las mejores características.

En este punto, aunque suene a cliché de comercial, es cierto que aquellas fabricadas por las marcas más reconocidas, ya sea por su trayectoria y su historia como fabricantes cosméticos, por la aceptación de sus clientes o por los materiales exclusivos que utilizan, son también las que pueden ofrecer las fibras sintéticas más adecuadas, utilizadas mediante técnicas diversas para crear las esponjas desmaquillantes de mayor calidad, amigables con la piel y con otros elementos especiales.

Esto no solo puede representar un cambio significativo en su textura, si comparamos las esponjas naturales con las elaboradas de material sintético, que a su vez, pueden diferir entre las de mayor o menor calidad, que pueden ser más suaves o más ásperas. Esta diferencia también se puede apreciar en el tiempo de uso, al igual que en el caso de los estropajos de cocina, por lo que escoger el artículo adecuado significa además que será duradero y resistente.

Las variaciones de esta se pueden medir, no por el tiempo que somos dueños de la esponja y la tenemos guardada en el neceser junto al resto de productos de uso durante la rutina, sino en la cantidad de veces que la utilizamos, ya que no se trata de un elemento desechable pero tampoco infinito. Por ende, nos permitimos hacer hincapié de nuevo en el mismo consejo, procurar entender la importancia de una esponja de calidad, por todas las ventajas que esto conlleva.

Por último, pero no menos importante, una recomendación que va más allá del producto en sí del que estamos tratando, pues supone la gran diferencia entre un cutis sano, hermoso y bien cuidado, contra uno más susceptible a las imperfecciones. Se trata del acto de desmaquillarse en sí, que debe ser ejecutado siempre, sin importar la hora o las circunstancias, antes de irnos a la cama a buscar el descanso necesario.

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Debemos evitar dormir con el maquillaje sobre el rostro, pues este se compone de elementos sólidos que, de manera adversa, crean obstrucciones al sedimentarse dentro de los poros, a causa de la presión, el sudor y el calor corporal. La congestión de los poros es uno de los mayores causantes de imperfecciones, ya que evita que la piel respire, por decirlo de alguna manera, oxidando las células y envejeciéndolas, lo que reduce la producción de nutrientes, proteínas como el colágeno y la elastina, mientras aumenta los niveles de estrógeno y radicales libres.

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